AMAR SIN ETIQUETAS

 

natxoRequena Amor

Hoy me apetece compartir contigo, que me acompañas en este momento de tu vida, para agradecerte el gesto. Gracias por darme la oportunidad de que estas palabras escritas, resuenen dentro de mí y me sirvan para escucharme.

Cuando vosotros llegáis a mi vida para realizar un retiro en convivencia, un taller, una conferencia o simplemente me enviáis un mensaje, me estáis proporcionando la ocasión de contemplar vuestro Ser. Me estáis mostrando vuestra posibilidad, sin taras ni defectos.

Hoy me hago más consciente, al tomarme estos minutos para pensar, que el acto de amor no proviene de dar, ayudar, consolar, en definitiva, de aligerar la carga o el dolor de las personas que acompaño. El acto de amor proviene únicamente de la observación, de la posibilidad de aceptar a cada una de ellas, y verlas como si fuera la primera vez que las conozco.

No es posible amar aquello que ya he enjuiciado o etiquetado de algún modo. Sin embargo, generalmente nos resulta demasiado fácil hacerlo, aplicar un estereotipo. En este proceso, es el ego o la sociedad, el que ejerce un control casi absoluto sobre nosotros, enraizándose en nuestro SER.

Pero pensamos que el acto de soltar “éstas amarras”, nos lleva casi a un acto de muerte simbólica. La mejor manera para explicar esto, sería hablar de una adición, como por ejemplo, el alcoholismo.

Piensa por un momento en un joven de corta edad en pleno descubrimiento de su vida. En ese proceso empieza a ingerir pequeñas cantidades de alcohol los fines de semana, como un acontecimiento social. Poco a poco esto se convierte en una necesidad, y el cuerpo le demanda mayor cantidad de ingesta y en menor plazo. Finalmente la falta de esa bebida le resulta tan insoportable que prefiere morir.

Cuando nacemos lo tenemos todo, sentimos la vida y no la cuestionamos, simplemente abrazamos la posibilidad de descubrir y experimentar. Pero ¡de repente!, nos vamos inyectando inconscientemente, del reconocimiento, de la aprobación, del prestigio, del poder… en definitiva “drogándonos”.

Hoy sin ir más lejos, me he dado cuenta de “mi propia droga”. Suelo utilizar mucho el término “COMPARTIR”, y hoy la vida me ha demostrado qué hay detrás de esa palabra. Una persona me ha enviado el siguiente mensaje:

“Me apetece compartir contigo esta frase de Mujica. La he escuchado hoy y me ha recordado a ti: LA GENEROSIDAD ES EL MEJOR NEGOCIO” ( José Alberto Mujica Cordano, conocido como Pepe Mujica, es un político uruguayo. Fue el 40º Presidente de Uruguay entre 2010 y 2015).

Al leer el mensaje, me han venido a la memoria, todas esas veces que me he sentido tan lleno por recibir elogios y reconocimientos. Hasta hoy, no era consciente de la energía que necesitaba diariamente, para poder mantener viva esa posibilidad y así tener mi “chute”.

Siempre me he volcado en las personas para que no cambien su opinión sobre mí, para poder seguir recibiendo “mi dosis”. ¡Guau! En este momento, me estoy haciendo consciente de la lucha interna que he mantenido toda la vida, para alimentar mi ego. Para no fallar a las personas y para convertirme en el personaje, que yo he creído que era el adecuado para dar sentido a cada relación.

Al observarme, me he dado cuenta de la desgarradora realidad que mantenemos. Nos conducimos por un camino de miedo, de control para no fallar, para no ver la posibilidad en el otro, de las críticas o de mis fallos. ¡Es absurdo! He entregado mi vida, a hacerme dependiente “de mi propia dosis” de necesidad de agradar, de ser bueno, de ser generoso.

Cuando nos sentimos criticados o no valorados, acudimos al consuelo, a la búsqueda incesante de aprobación. Vivir sin las personas acarrea el dolor agudo de la soledad, así que necesitamos su reconocimiento, solo para no sentir el dolor de vernos rechazados, solos y abandonados. Pero este baile, es cansado, agotador y crea un estado de tensión sin fin.

Cuando esto ocurre en nuestras vidas, ya no estamos compartiendo nuestra posibilidad de mostrar o sentir amor, simplemente nos hemos abandonado a conseguir “nuestro chute de droga”, para conseguir ese estado óptimo. Quizá, la forma de volver amar sin reservas, sea reconociendo la adición. Entrando en un proceso en el que pedimos al “drogadicto” que deje su dosis, su fuente de placer, aquello que representa su felicidad, para volver a ver a las personas no como fuente de reconocimiento, sino como seres en su estado puro. Es como pedirle al alcohólico, que sustituya el chato de vino, por un paseo por el campo y una puesta de sol.

Y ahora me pregunto… ¿podremos hacernos cargo de nosotros mismos emocionalmente?, ¿seremos capaces de no necesitar la aprobación de terceros?, ¿sabremos vivir sin ser una persona especial para nadie? ¿estaremos dispuestos a no considerar a nadie de nuestra propiedad?

Aún no tengo todas las respuestas, porque estoy en mi camino de aprendizaje. Pero sé, que cuando estoy centrado en lo que hago, amo profundamente sin esperar nada, simplemente me abandono al proceso y lo experimento. Cuando estoy en los talleres, en los retiros, en las conferencias o en una sesión, estas actividades me permiten abrazar mi posibilidad de desprenderme del resultado y de centrarme únicamente en aquello que estoy compartiendo.

Desde luego, para mi la vida es una posibilidad absoluta para descubrirnos. Y permitírmelo, es lo más cercano que yo he encontrado para poder mirarme a un espejo y abrazar aquello que observo.

¡Feliz día!

Natxo Requena

Coaching de Salud & BioNeuroEmoción

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