Bendito Cáncer

El día 17 de junio era un momento importante del viaje, que desde hace un año y ocho meses llevo descubriendo día a día sobre mi. Ahora tengo una visión de la vida con ausencia de miedo, ya sea en la enfermedad, el envejecimiento, la falta de recursos económicos o la muerte. El motivo por el que yo creo que he llegado a esta ausencia es la falta de miedo a la muerte, desnudarla y aceptarla como una experiencia más me ha supuesto este estado de mi ser.

He descubierto que todo lo que me rodea, ha cambiado, esta siendo un desafío maravilloso adentrarme de nuevo en la vida cotidiana, porque ahora este mundo ya no me parece tan real. En muchas ocasiones me topo con situaciones donde las personas se toman muy en serio cada escenario, en el que transitan. Depositan una responsabilidad tan alta, tan sumamente sería, que parece que el único camino es resignarse a las consecuencias.

No entiendo ahora la vida sin libertad para mí y para mis semejantes, lo descubro en los exámenes que la vida nos pone, por ejemplo en las relaciones de pareja. Antes mi visión era apretar con fuerza la relación, para sentirme seguro, correspondido y deseado. Cuando lo obtenía ya había cumplido la necesidad básica y pronto buscaba ocupaciones externas en otros temas, para seguir cubriendo lo que yo creía que eran mis necesidades. Una vez tenía segura mi relación, no necesitaba mayores atenciones por mi parte, me despreocupaba y no ponía atención al momento, ya no era importante, había que conseguir nuevas metas.
En este momento de mi vida, después de experimentar un ejercicio tan profundo, gracias al cáncer “bendito cáncer”, me he dado cuenta que nada te pertenece. Bueno, una cosa si está en mi mano, poder compartir, mi 100%, mi autenticidad como ser humano y otorgar a las personas que me rodean la total libertad, para encontrar su camino. Se crea un espacio que permite que por ellas mismas decidan sus pasos pueden ser en paralelo a los míos o simplemente se dirigen en dirección opuesta. Todo está bien, porque hay una ausencia de miedo, sólo prevalece el deseo de compartir amor, en modo presente, aquí y ahora. Le deseo a mi pareja que pueda compartir su vida desde ese mismo escenario, desde esa misma intención. Y para eso nos otorgamos la posibilidad de ser auténticos y libres para decidir que tipo de relación queremos ¿con miedo o con amor?.

Ahora también se que no aceptaría cualquier tipo de relación o tampoco cualquier dinero por un trabajo. Ahora soy consciente después de este viaje, que mientras la vida que viva en este plano, mi compartir será poder sentirme al 100% en cada acto, en cada caricia, en cada intercambio de palabras, en cada gesto. Porque ahora todos son valiosos para mi.

En este 17 de junio los resultados del TAC, dictaminan medicamente que hay una ausencia total de la enfermedad, que el Linfoma de manto no se encuentra en mi organismo. No he tenido que llevar a mi cuerpo a un auto transplante, no importa si tenía o no razón, al decidir no hacérmelo hace unos meses, contraviniendo las recomendaciones de mi médico. Lo importante es aprender a confiar en mi instinto, a darme la oportunidad de decidir y ser parte activa de mi proceso médico.
Aparentemente un linfoma de manto según la medicina tradicional es una enfermedad sin cura, el trasplante en cualquiera de sus posibilidades es la alternativa. Mi opinión es que en toda enfermedad no curable siempre encontraremos la excepción de casos que no cumplen la regla. Por lo tanto demos la veracidad justa a cada síntoma, pero no permitas que el miedo se instaure, como huésped principal en tu vida.

Si, si se puede, claro que se puede cambiar un diagnóstico, para ello hay que bajar a tu cuarto oscuro, ese lugar al que pensamos que es nuestra vida, y que sólo entendemos aquello que ilumina nuestra linterna ( artefacto de supervivencia que nos dan al nacer). El espacio que alumbra el haz de luz es lo que pensamos que es nuestra realidad… Pero cuando tienes una experiencia de este tipo, hay que bajar a ese cuarto para dotarlo de toda la iluminación necesaria y poder contemplar, que aquello que pensábamos que era nuestra realidad, ahora es un habitáculo grande, espacioso. Es entender que nuestra vida es mucho más de lo que vemos. Que pertenecemos a un todo y que ese todo también somos nosotros.

Uno de los riesgos intrínsecos de hablar de mi enfermedad, es que lo que yo diga llegue a las personas que me escuchan en conferencias o me lean, de forma que suene como si aquellos que no se recuperan de un cáncer o que todavía tienen esa u otras enfermedades, son “menos” que aquellos que si se han curado. Me gustaría dejar muy claro que esto no es cierto.

También puede resultar muy simplista lo que digo, sobre todo si alguien que conocéis o vosotros mismos si estáis sufriendo en estos momentos. Aquí es donde yo entiendo que el lenguaje nunca es inocente, porque las palabras conectan con la persona en su estado emocional. Las personas que se encuentran atravesando una enfermedad llamada grave, tiene que saber que ocurra lo que ocurra, siempre serán un ser lleno de magnificencia.

Las razones de la enfermedad, son el viaje que la vida nos propone para crecer como ser humano. Cada persona tiene su proceso y su momento para tomar este maravilloso destino.

Mi cáncer era mi razón de ser, yo lo tengo muy claro, por eso y no por otra cosa yo lo llamo “Bendito Cáncer”

Permitid que la vida os viva y dotad de libertad vuestra vida, es una decisión que empieza por uno mismo.

Feliz viaje y nos seguimos encontrando en el camino.

Natxo Requena

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4 pensamientos en “Bendito Cáncer

  1. Sencillamente no tengo palabras para describir cuanto siento en leer tus bellas y Sabias Palabras. Comparto todo lo que dices y así lo siento también.
    Sólo decir que doy gracias a la vida por poner en la mía a seres como tu! Es un motivo más de alegrarme de los cursos de BioNeuroEmocion que tuvimos oportunidad de hacer juntos y así conocerte. FELICIDADES! Te deseo u auguro todo lo mejor! Muaaaak☺️

  2. De nuevo me emocionas.
    Cuando Montse me habló de su hijo, no imaginé lo fuerte que calaria en mi cada vez que le oyera, le viera o leyera….me llegas muy dentro….hasta las lágrimas.
    Me siento feliz de saber que has superado tu enfermedad y de que has abierto los ojos….yo estoy en ello….de cualquier manera, gracias por haberte cruzado en mi vida (aunque sea de esta efímera manera)…gracias por compartir.

    Rebeca

  3. Cuando se habla desde el corazón, y hacia el corazón, no hay posibilidad de equivocarse. Si además te acompaña la experiencia, estás recorriendo el camino de la sabiduría. Emocionante, Natxo. Un abrazo.

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