¿EL AMOR ES TAN CIEGO CÓMO SE DICE?

El AMOR

“Somos privilegiados, podemos renacer cada día porque a través del otro puedes observar tu mejor versión, en ese instante puedes sentir que estás en tu misión de vida.

Eso es nuestro regalo y por eso las personas que están en tu vida… no son casuales”

Natxo Requena García

 

¡El amor es ciego! Tómate unos minutos y permite que esta afirmación resuene una y otra vez en tu cabeza. Simplemente déjala que muestre su posibilidad.

En la posibilidad que yo observo el amor es el estado de mayor claridad que un ser humano pueda tener en la vida, porque realmente si lo observamos no es el estado el que es ciego, lo que realmente nos deja en tinieblas son los apegos. Es ese pensamiento donde creemos que la persona a la que amamos (mujer, pareja, hombre, hija, hijo, etc.) nos pertenece. Aquí entra a escena la primera de las tinieblas, cuando utilizamos el pronombre personal mí.

Las personas creemos en un principio de pertenencia, damos por válido que las cosas y las personas nos pertenecen. Sin ser del todo conscientes del maltrato que esto genera. Validar estos apegos nos aportan sentirnos con el derecho o el respaldo moral en muchos casos para pensar por el otro, para saber lo que es mejor, para juzgar e incluso para entrometerse y tomar decisiones que afectan a terceros.

Observa por un momento las veces que por la palabra amor, te has creído que tenías el derecho a decirle a otra persona lo que era bueno o malo para él. Las ocasiones en que te has disgustado y retirado la palabra porque esta persona no ha tenido en cuenta tu opinión. Esas ocasiones en las que has decidido dejar de ocupar tu lugar y te has retirado porque  has pensado que al no ser válida tu opinión esa persona ya no sentía lo mismo por ti. Cuando uno decide tomar las riendas de su vida, en ese momento ahí estás decidiendo ver la vida a través de sus ojos y no a través del otro.

Qué pasaría si por un momento lo vieras de la siguiente manera; tú ves a las personas y a las cosas, no tal como ellas son, sino tal como eres tú. Para poder observarlas tal como ellas son, debes tener muy en cuenta tus apegos y los miedos que estos generan. Porque al ver esta relaciones desde ese estado lo que estás viendo son tus miedos, ellos deciden lo que debes y no debes observar. Manteniendo un estado selectivo de lo que tienes que ver. Se produce un efecto totalmente distorsionado y de engaño. Lo más curioso es que cuanto más prolongues esa visión más real serán tus argumentos. Pensarás que lo que estás observando es muy real, tanto que buscaras a través de otras personas para que te reafirmen en tu llamada “Mi Verdad”.

Esto es lo que da origen a nuestras creencias, las cuales son maneras fijas e inmutables de mirar una realidad que de por sí, ni es fija ni es inmutable, es móvil y se encuentra en un constante cambio. Si has llegado a este punto te darás cuenta que aquello que observas no es real, porque aquello a lo que amas es una creación de tu propia mente. En el momento que te permitas dejar de validar y creerte tus propias creencias, tus miedos y por supuesto los miedos que lo están originando, sólo entonces dejarás de estar tan sordo, tan ciego para contigo mismo y por ende para el mundo que habitas.

Tenemos la posibilidad de vivir las relaciones con nuestros semejantes desde el respeto y el amor, al darte cuenta que tienes en tus manos siempre la posibilidad. La obtienes a través de tus ojos, de tus emociones, de tus estados físicos, porque para vivir la vida ya no es necesario aplicar una serie de recetas magistrales, no es volver al pasado para conseguir las soluciones que me fueron válidas. Se trata de la capacidad que tengas y el compromiso que adoptes para renunciar a tu programación.

Un corazón que se exprese sin protección alguna, que nada tenga que conquistar o apegarse. Un corazón que esté dispuesto a validar de nuevo cada día todas sus creencias. Dando sentido a poder cambiar de opinión.

En ese momento un corazón así late en el amor, en la posibilidad de ser un faro. En ese momento dejaría de tener sentido las etiquetas que hemos creído que nos dan la identidad de ser algo o alguien “no nos identifica la “derecha”, o “la izquierda”, tampoco una “religión cristiana”, o “budista” deja de tener sentido el concepto del “capitalismo” o del “comunismo”. Siendo nuestra propia posibilidad la que disipa cualquier oscuridad o miedo.

La humanidad tiene la posibilidad de darse cuenta que las creencias, los miedos y los conceptos son lámparas apagadas, el signo inequívoco de la ignorancia más absoluta. En este latir nuestros territorios dejarían de tener alambradas y fronteras porque no tendría sentido ya los limites. Nos bañaríamos en un océano donde la vibración sería un estado de amor y respeto par con nosotros mismos (es lo que compartiríamos).

El amor es la claridad más absoluta, libre y respetuosa. Por lo tanto el amor aclara y el apego nos ciega.

Gracias Isabel, a través de ti he sentido el océano.

 

Natxo Requena García

Coaching & BioNeuroEmoción

 

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