EL CÁNCER, ¿ES UNA TRAGEDIA O UNA OPORTUNIDAD?

 

Creando Retos

 

Introducción:

El lunes 10 de junio intervine como ponente en la Escuela Europea de Coaching, concretamente en las actividades que propone Alumni dentro del grupo de investigación de Coaching y Salud. Al cual pertenezco y con el que colaboro. Los asistentes en su mayoría eran Coaches profesionales y personas sensibilizadas con la temática. Para esta ocasión preparé el tema que a continuación comparto contigo.

 

Ponencia:

La vida, suele ponernos en situaciones difíciles en las que no hemos podido decidir nada. En menos de un suspiro, todo puede cambiar. En mi caso por casualidad, tras un accidente de moto, me descubrieron una enfermedad de esas que podemos bautizar como “compleja de superar”. Cuando me lo comunicaron, podría haberme lamentado y entrar en un bucle de queja (que si el accidente, que si la enfermedad…), pero NO, en mi caso, lo primero que hice fue dar gracias al accidente, ya que si no lo hubiera tenido y no me hubieran hecho un escáner, no hubieran sido posible detectar que tengo un Linfoma de Manto y ponerle remedio.

 

Desde el accidente hasta que me confirmaron que tenía un Linfoma, pasaron 30 días y 30 noches. Me habían adelantado que tenía algo grave, posiblemente cáncer, pero aún no tenía el gusto de que nos hubieran presentado formalmente. Vamos, que no conocía el nombre y los apellidos del susodicho. ¿Me importaba?, ¿tenía ansiedad? ¿preocupación?, PARA NADA. Lo que de verdad me importaba en ese momento era aprender a andar de nuevo, ya que tenía fracturado el fémur por tres partes.

 

Recuerdo especialmente el día 13 de noviembre, ya que fué cuando me presentaron formalmente a mi huésped. Las vueltas que dió Belén, mi hematóloga para decirme al final:- “Natxo tienes un Linfoma de Manto“-, que en cristiano quiere decir, “tienes Cáncer”. Pensé: –“¡CÁNCER!, ¿yo que no me pongo nunca malo?, ¡qué siempre estoy cómo un roble!”-. Que te cuenten que tienes una enfermedad, a bote pronto ¡impresiona!. Pero yo me dije: -“Natxo ¡lo tuyo son los retos!, este es cañero,¡pero tú puedes con eso y con la recuperación de la pierna!”- . ¡Claro! también había que contar con la opinión de la experta, así que le miré a los ojos y le pregunté: -“¿Tengo posibilidades?”-. Al confirmarme que sí las había, quería dejarle muy clara cuál era mi postura en ese momento y le dije: – “Belén, si tú pones el 100% ¡de esta salimos!, por mi parte no tengas dudas”– . Imaginaros la cara del médico… me estaba diciendo que ¡tenía cáncer! y yo le suelto eso…, hubo un momento de risas, que a mi por cierto, me vinieron muy bien para aflojar la tensión.

 

Mis conversaciones interiores y mi discurso era: – “¡De esta experiencia saldré mucho más fortalecido!”– no sé las veces que me repetí esa frase. Lo tenía todo a mi favor, yo lo sentía así: personas que me quieren, apoyo incondicional, un reto en toda regla, fortaleza mental (buenos ingredientes para prepárame mi medicina). El cáncer había llegado en el mejor momento de mi vida,  cuando más sereno, fuerte y decidido me encontraba. Por lo tanto, sólo quedaba superar el reto, y me hice un propósito en firme: –“¡Servirá para poder compartirlo con otras personas, porque es una experiencia vital en toda regla!”-.

 

Por ese motivo llamé a Kiko y me ofrecí como coachee para compartir mi caso con el grupo de trabajo de Biologia del Cambio del Observador (BCO). Entendía que era una gran oportunidad poder sentir en primera persona el Coaching, con un coach formado en BCO. Me asignaron a nuestra compañera Susana Punzón y juntos hemos avanzado a lo largo de  8 sesiones. Desde la primera hasta la última, todas han sido muy valiosas para mi crecimiento personal, para tener un espacio de reflexión, para conocerme aún más, y sobre todo, para canalizar mis emociones. El compromiso y la responsabilidad en las sesiones, enseguida marcaron un camino claro, que hemos peregrinando juntos, con aprendizajes vitales, independientes a mi estado de salud.

 

Al leer en el diccionario de Martel sobre mi enfermedad, comprendí qué pasos tenía que dar. Hasta entonces, intuía lo que necesitaba modificar, pero recibir ese regalo, era dar luz al hacer. En mi enfermedad, siempre he partido desde la oportunidad, nunca me he cuestionado: -“¿por qué a mi?”– siempre he pensado: –“¿para qué me he puesto enfermo?”-. Esa reflexión me ha dado la posibilidad de abrir puertas y de llegar a un grado de conocimiento sobre mi mismo, que hasta ahora no tenía.

 

“Si Cambias Tu Vida, Cambias Tu Energía”. Ahora que lo he experimentado y lo he vivido en primera persona, estoy en disposición de poder compartirlo con todo aquel que se encuentre en una situación similar. Nuestra vida cotidiana, pensamientos, sentimientos,… etc. nos mantienen en un mismo estado del ser, son el artífice  de repetir una y otra vez nuestras conductas, y por lo tanto, que veamos el mismo paisaje con los mismos resultados (dicho de otra manera, siempre obtengo más de lo mismo). Si queremos cambiar nuestro paisaje, tenemos que pensar, sentir y actuar de forma diferente,  no me estoy refiriendo a cambiar de personalidad, me refiero a gestionar de manera distinta, lo que hago con lo que recibo.

 

Os lanzo un Reto: ¡Decidid ser quien queráis ser! , despojaros de aquello que no os sirva (comportamientos, creencias y acciones que no os conduzcan al destino que deseáis). Parece una tarea compleja, ya que a nuestra mente regresan una y otra vez los mismos pensamientos, las mismas dudas y por lo tanto, los mismos resultados que hacen que a veces nos sintamos frustrados. Pero la solución pasa por una transformación en tu mente y en tus emociones. Para lograrlo necesitáis  dibujar en un lienzo con una nueva gama de colores, yo ilustré el mío al preguntarme PARA QUÉ TENÍA CÁNCER.

 

El cáncer, los médicos o la muerte no van ha decidir por mi. Mi vida y el modo en el que yo quiero vivirla, lo decido yo. Esa es mi mayor responsabilidad y mi compromiso, porque quiero disfrutar de cada segundo.

 

Es un proceso vital y transformador,  yo lo he experimentado y por eso quiero ahora compartirlo. ¡Por suerte!, yo partía con ciertos conocimientos sobre el Coaching que me ayudaron a manejar la situación desde un principio, pero aún así, no era suficiente, ya que no eres igual de objetivo contigo mismo, por eso me ha venido muy bien recibir un proceso de Coaching y contar con un COACH con C mayúscula.   Realmente una enfermedad puede ser un gran vehículo, pero sólo si sabes cómo manejarlo. Todos sabemos que un  coche de Fórmula Uno es potente y rápido, pero ¿seríamos capaces de sacarlo del box sin ningún tipo de asesoramiento?

 

Hace un par de años me hubiera preguntado ¿por qué a mi? Ahora solo me pregunto: -“¿para qué me sirve tener cáncer?”- y la respuesta la tengo clara:  ¡Para darme la oportunidad de vivir en primera persona la transformación!. Ahora además de la teoría, tengo la práctica. La experiencia y el conocimiento que me ha aportado, sin duda me hacen ser un excelente compañero de viaje para personas que estén inmersas en una situación similar a la que yo estoy viviendo. En nuestra vida todos podemos decidir con qué colores queremos ver las cosas, la elección es sólo nuestra. Las circunstancias son las que son eso es innegable, pero la gestión de ellas, son lo que nos hacen diferentes y por eso, los Coaches, somos una gran opción para acompañar en procesos de transformación vitales.

 

El cáncer te ofrece la oportunidad para completarte, para solucionar estados emocionales, para hacer una mejor gestión de nuestros recursos y sobre todo para ser mejor persona. Donde el presente cobra el mayor de los protagonismos por eso mi recomendación es  ¡VIVIR EL AHORA!

 

Hasta aquí no he llegado solo, por eso me gustaría agradecer a mi familia, y en especial a Olga mi pareja por su generosidad, y ser un puntal en mi vida. También a mis amigos, compañeros de promoción, a la EEC / BCO por facilitarme el espacio que compartimos. Especialmente a Beatriz Pantín, Silvia Guarnieri, Alfredo Castejón y Kiko Junquera, por su seguimiento y aliento. A mi coaches, ya que el espejo que me han mostrado ha permitido gestionar mi vida bajo mis deseos, muchas gracias Susana Punzón y Daniel Paglia. Al equipo médico que con tanta maestría me acompañan a la cabeza las Doctoras Belén Navarro (Hematóloga) y Esther García Paredero (traumatóloga) y a todo el personal que da sentido cada día al Hospital Puerta de Hierro.

 

Quiero hacer una mención especial a Arene, alguien muy especial para mí, ya hoy preparando esta conferencia, coincide que hace dos años nos despedíamos físicamente. Cada día su energía está conmigo y es parte de mi ser, su magia está con nosotros ahora.

 

¡¡¡¡¡Muchas gracias a todos!!!!!!!

 

Natxo Requena

Como profesional no te piden humanidad, pero cuanto se agradece si la muestras.

 

Recientemente he tenido la experiencia de pasar por un accidente de tráfico, pero no es de eso de lo que quiero hablaros. Me gustaría que esta entrada, sirviera para dar reconocimiento a las personas que velan por nosotros, que nos aportan seguridad, que nos cuidan y están mientras los necesitamos.

 

Cuando tienes una accidente, la maquinaria de ayuda se pone en marcha: los anónimos para socorrerte, la policía de tráfico, y en mi caso, la unidad móvil de emergencia, cuyos ocupantes son los que se encargan de hacer la primera valoración de los daños que presentas. Yo no estuve consciente en los primeros instantes ya que desperté en la ambulancia. Recuerdo una mano que acarició la mía y me preguntó: “¿sabes dónde estás?”; yo le respondí con voz quebrada: “sí, he tenido un accidente”; a lo que me respondió: “no te preocupes, nosotros nos encargamos de cuidarte”. Ese gesto humano, cercano, en ese momento que yo estaba viviendo, era como una dosis de tranquilidad. Me decía para mí: “Natxo tranquilo, estás en buenas manos”.

 

Cuando llegué al hospital, había un equipo de personas en urgencias que rodeaban mi camilla, hablaban de mi caso y decidían los pasos que iban a dar. De nuevo dos personas, tocaron mi cara y mi mano y me preguntaron: “¿cómo te encuentras?”. Quizá yo le doy mucha importancia a los detalles de cercanía, porque al mostrarme el lado humano, es la manera más fácil para mí para poder conectar con ellos. Creo que estos gestos son de un valor incalculable cuando te encuentras en una camilla, sin ser dueño de tus actos.

 

Otra de las cosas que me ha sorprendido muy gratamente, son las personas que han interactuado conmigo estos casi 20 días. Una vez me trasladaron a planta, decidí que no quería cuestionar el comportamiento que tendría cada uno de los miembros del equipo hacía mí, no quería esperar a ver sus reacciones, en cualquier caso, yo tendría con ellos una actitud de agradecimiento por su dedicación conmigo. Ahora os puedo contar, que el resultado ha sido increíble, he encontrado a un equipo volcado, agradecido, todos han tenido gestos mucho más allá de lo que se espera de ellos a nivel profesional.

 

Recuerdo con cariño a Goyo, el celador me llevó a planta el primer día. Durante el camino estuvimos intercambiando impresiones, donde ambos nos mostramos interesados el uno en el otro. Pocos días después, aprovechó un cambio de turno para venir a verme a la habitación y saludarme, ya había terminado su trabajo, pero tuvo conmigo esa deferencia.

Echo de menos a mis estudiantes preferidas, Idoia y “mi rubita” que vinieron a vernos incluso después del traslado a otro módulo. Idoia no sólo se preocupaba por mí a nivel médico, sino también se interesó por mí fuera del ámbito hospitalario, incluso dedicó su tiempo libre a leer mis post.

 

Teniendo en cuenta la situación actual que se está viviendo entre los profesionales sanitarios (recortes, traslados, despidos…etc.), llama especialmente la atención que siempre tuvieran una sonrisa y una palabra amable: Alba, Sandra, Bea, Elisa, Teresa, Alejandra, Laura, Marta, Raquel, José o Jhonny. Profesionalmente todos han sido conmigo excepcionales, con una vocación por su trabajo, que hacía que todo fuera sencillo y cómodo para mí.

 

Soy consciente de que me dejo nombres de algunas personas que me han cuidado maravillosamente estos días, espero que sepan disculparme por mi mala cabeza. Algunos auxiliares y personal del limpieza no me dijeron sus nombres, pero los tengo igualmente en mi memoria  y me alegro de haber tenido la suerte de que les tocara mi habitación en su turno, ha sido un verdadero placer conocerles.

 

Esto es un pequeño y humilde reconocimiento a la Planta de Traumatología del Hospital Puerta de Hierro – Majadahonda – Madrid (Módulo A y B). Gracias por vuestra ayuda, me ha sido de gran utilidad, porque los días han sido verdaderas aventuras de humanidad con cada uno de vosotros.

 

Un abrazo,

 

Natxo Requena

nrequena@sonretos.com